Sufrimiento, Impotencia, Rabia y Orgullo.
Probablemente éstas han sido sólo algunas de las emociones que han vivido decenas de miles de personas en Brasil, en Colombia y en todo el mundo a lo largo de esta semana.
Sufrimiento, obviamente, en Chapec?, en Bolivia, en los hogares de todas las v?ctimas del terrible y absurdo accidente a?reo que sacudi? estos d?as el mundo del f?tbol. Terrible por la p?rdida de vidas; absurdo por lo f?cil que hubiera resultado evitarlo. Simplemente, respetando las regulaciones de transporte a?reo...y luego, nosotros, privilegiados europeos, nos quejamos de las incomodidades de nuestras l?neas low-cost, cuando en otras latitudes, las incomodidades terminan en tragedia.
Sufrimiento en una peque?a ciudad de un pa?s que atraviesa tiempos de incertidumbre que esperaba celebrar su jornada de mayor gloria y se encontr? con un dolor dif?cil de soportar, no por un penalty fallado, o un fuera de juego mal se?alizado...sino por un avi?n que ca?a a plomo entre las monta?as.
Impotencia, claro. Porque nadie pudo hacer nada, porque los intereses econ?micos de algunos pocos han supuesto la muerte de unos cuantos m?s, porque David podr?a haber derrotado a Goliath una vez m?s pero no pudo por un tremendo desatino. Porque a todos nos cae simp?tico ese equipo peque?o y humilde pero poco podemos hacer por ayudar. Ponernos una camiseta verde para recordarlos, llenar dos estadios...peque?os gestos amables.
Rabia por los muertos. Por sus vidas truncadas por la avaricia, futbolistas o no. Familias inocentes. Jugadores que buscaban un gol, un regate, una parada, y encontraron una ca?da mortal. Gentes que viajaban ilusionadas y volver?n a casa amortajadas.
Rabia por lo injusto, por lo absurdo, por lo descabellado de estas muertes. Por una peque?a historia de ?xito truncada por la irresponsabilidad.
Orgullo, finalmente, por la respuesta, masiva, un?nime, cordial, cercana. Por esos que se niegan a morir tras el impacto y luchan por su vida. Por los que rezan, por los que aplauden, por los que se ponen esa modesta camiseta verde, por los que acuden a los estadios, por los que no subieron a ese avi?n y volver?n a un terreno de juego. Y por los que no lo har?n pero contaron la historia de c?mo el f?tbol humilde, modesto, es capaz de sobreponerse al peso del d?lar para llegar a finales inesperadas (aunque el d?lar lo derrib? del cielo). Orgullo propio, porque hemos respondido como seres humanos. Orgullo como deportistas, porque nos vemos reflejados en esos futbolistas sin nombre que derrotaron a las estrellas de turno y se plantaron en una final cuando nadie contaba con ellos...
Hubo otras tragedias a?reas antes en el mundo del f?tbol. El Torino primero. El United de los j?venes Charlton despu?s. Pero aquellos eran equipos poderosos, en la cresta de la ola. El Chapecoense era hace poco un equipo de cuarta divisi?n, no lo olvidemos. Creci? a base de orgullo, sufrimiento (a punto estuvo de desaparecer hace un par de a?os)...y cay? antes de tocar la cima, entre escenas de rabia e impotencia.
Este equipo ya se merec?a un homenaje s?lo por sus logros deportivos; pero claro, centrados en nuestras deslumbrantes competiciones europeas, nuestras ligas, Champions, cl?sicos, tantas veces decepcionantes...se nos escap? esta bonita historia de superaci?n colectiva. Ahora que ya no est?n aqu? la mayor?a de los protagonistas, hemos despertado a otra realidad. Y superados el sufrimiento, la impotencia, la rabia...y con un indisimulado orgullo por nuestros compa?eros futbolistas del otro lado del Atl?ntico hemos llegado hoy a celebrar este homenaje modesto, humilde, peque?o, como eran los futbolistas del Chapecoense y todas las otras v?ctimas, olvidadas en la vor?gine de los medios, que embarcaron en el infausto vuelo de Lamia.
Con todo el sentimiento, con una gran solidaridad, con pena y orgullo, aqu? est? nuestro peque?o homenaje